23 Comments

  1. El espíritu es el que nos impide caer en el abismo. Desnudos venimos al mundo y desnudos saldremos de él (sin nada de lo que nos arropa ni de lo que hemos acumulado). Monólogo entrecortado y dramático. Somos lo que somos y lo que queremos ser. Un abrazo.

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    1. Gracias, Luis. No es ofensa tu comentario, es una lógica observación. En sí, todo se deriva de la interpretación personal y de los intereses ideológicos de san Pablo (con toda la carga de su educación y mentalidad judía: dogmatismo, culpabilidad, etc., etc.), que tergiversaron las enseñanzas de Jesús; quien predicó al dios padre, nunca a si mismo; convirtiéndolo en el centro de la nueva secta, y de ahí para el real.

      Por esto todo este conglomerado religioso es cristocéntrico, cuando debió ser teocéntrico. Los guías e ideológos que le siguieron a Pablo, vieron la oportunidad que les representaba esta forma de enfocar las cosas (políticamente hablando) y con el paso de los siglos fueron agregándolo el resto del aparato ideológico (Trinidad, virginidad de María, santos, etc., etc.).

      Por más que la teología cristiana ha sublimado el sentido de la cruz y el crucifijo, no deja de ser un instrumento de tortura y asesinato. La asimilación en la mente del creyente ha sido sencilla desde el momento en que hace siglos que dejó de existir como instrumento letal, entonces no te dice nada como tal.

      Lo curioso es que la Iglesia católica, en específico, está siglos atrás retrasada en todo, y los fieles afiliados a ella, por más ortodoxos que sean, no cumplen ya con muchas de sus normas anacrónicas, y más bien viven de acuerdo con la modernidad.

      Te mando otro grande y fuerte abrazo, Luis.

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  2. Sobrecogedor monólogo que mueve al alma a la piedad. De acuerdo en que el espíritu nos saca a flote cuando parece que no podemos aguantar más. Otra cosa será qué entienda cada cual por espíritu, pero eso es otra película. Contento de disfrutar tu arte Ernesto, después de mucho tiempo de ausencia mía por estas posadas. Un abrazo.

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    1. Y otro abrazo enorme para ti, querido Pepe, que se te extrañaba. Qué gusto tenerte de nuevo.

      Y sí, tienes mucha razón, habría que ver que es lo que luego cada quien entienda por espíritu, sobre todo en estos tiempos que corren.

      Es un monologo duro, pero creo que un reflejo de cómo se han intensificado las actitudes reaccionarias y cómo se han mermado los valores huimanos esenciales.

      Grande abrazobeo, amigo, y qué gusto saber de ti.

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  3. Breve apunte. El símbolo de la cruz es varios milenios más antiguo que el cristianismo, quizá es tan antiguo como el ser humano. Y el cristianismo no lo adoptó hasta el siglo III o IV de nuestra Era si no recuerdo mal. En cuanto a sus significados, son múltiples. Sus cuatro brazos refieren a los cuatro puntos cardinales, las cuatro estaciones, los cuatro elementos, etc. Pero aún posee niveles de sentido mucho más profundos, el travesaño horizontal simboliza las posibilidades de desarrollo de cada ser individual, y el vertical el ascenso de cada uno de esos seres hasta su identificación con Dios. Y el centro donde se cruzan el palo horizontal y el vertical tiene que ver con el origen (de una circunferencia que englobaría la figura), el ser, la quintaesencia de la que surgen los cuatro elementos. Hay bastante más, por supuesto. Para quien le interese, El simbolismo de la cruz, de René Guénon es un libro magnífico en este sentido. Saludos.

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    1. Gracias por esta luz que compartes sobre el simbolismo de la cruz. En efecto, desde el Antiguo Egipto y la milenaria cultura hindú, se maneja la cruz.

      Los romanos no la retoman en ese sentido, sino la desimbolizan y la ocupan como un mero instrumento de tortura, que a ellos les parecía práctico para alargar la agonía de los ajusticiados y hacerlos “pagar” por sus delitos.

      Ese mismo instrumento resulta el del martirio de Jesús y de ahí lo toma el cristianismo y le acabo infundiendo su propia simbología. El origen es la interpretación personal que hizo Saulo de Tarso de las enseñanzas y la persona de Jesús, quien no vino a predicarse a sí mismo, sino al Padre, a Dios. Por Saulo es que el cristianismo se volvió cristocéntrico, cuando debió haber sido siempre teocéntrico.

      Gracias, Pepe querido, por la recomendación bibliográfica que nos das sobre el tema.

      Abrazobeso enorme y con afecto, amigo.

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