Ergo sum qui sum

Para cerrar las entradas de la semana en el blog, aquí está otro monólogo dramático. Aunque el cierre pudiera hacerles creer que tiene un trasfondo religioso, cristiano, les aclaro que no es así; la cruz en este caso no tiene ese simbolismo, sino que retomo su sentido original de acuerdo con la cultura romana que la ideó, para un mayor dramatismo de la anécdota. Queda entonces a su consideración.

Ergo sum qui sum

Monólogo dramático

(Al iniciar la acción, aparece un hombre en escena. Un haz de luz potente lo ilumina en forma circular desde los hombros hacia la cabeza. El resto del foro y del personaje se encuentran en total oscuridad. El rostro del hombre presenta magulladuras y restos de sangre seca. El cabello lo tiene enmarañado y pegado al cráneo por el sudor; sin embargo, a pesar de la estampa que presenta, puede hablar con claridad y potencia.)

HOMBRE.- Me dijiste que ya no hablara, que mis palabras eran como veneno para tu espíritu, que sólo servían para corromperte. (Pausa.) No bastó con que me condenaras al silencio absoluto ni que me prohibieras la escritura. Me aprehendiste, me interrogaste una y otra y otra vez por intervalos interminables. (Pausa.) Me encerraste en un oscuro espacio de dos por dos. Me desnudaste para vejarme de palabra y obra. (En esta parte se le quiebra ligeramente la voz.) No te bastó con mandarme apretar la boca y cerrar la mano. (Se repone tras una breve pausa y continúa hasta el final del monólogo con firmeza, pero emotivo.) Cada minuto que mi cuerpo sufrió en tus manos, que mi mente fue golpeada con tus consignas e insultos, mi espíritu me impidió caer en el abismo. Sólo me levantaste el castigo para obligarme a reconocer mis faltas y para firmarte una confesión. Fue entonces que me erguí por última vez para mirarte fijo a los ojos, porque desde ese momento fui yo el que se decidió por el silencio y la inmovilidad. No pude hacer más; había perdido la guerra. Me condenaste con cínica impudicia a morir así….. Es el momento de mi verdad, me encuentro por completo abandonado, mi cuerpo ya no es mi cuerpo y mi mente ha quedado reducida a escombros. Sólo puedo pensar en una cosa: que mi espíritu ha sido el único que me impidió caer en el abismo. (Poco a poco va creciendo el haz de luz circular que lo ilumina, hasta mostrarlo por completo. El hombre está totalmente desnudo, clavado a una cruz de hierro. Su cuerpo muestra los signos de tortura física. La última parte del monólogo la grita con desesperación y fallece.) Ergo sum qui sum. (Lentamente va alzándose la cruz con el cuerpo desfallecido hasta quedar a una altura media. En ese momento, el haz de luz desaparece, para iluminarse la cruz, desde atrás, con un suave juego de luces de colores, el cual va poco a poco convirtiéndose en un gran haz luminoso. Oscuro final.)

México, D. F., a 18 de octubre de 2010.

D.R. © Ernesto Cisneros Rivera. 2017

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6 comentarios

  1. El espíritu es el que nos impide caer en el abismo. Desnudos venimos al mundo y desnudos saldremos de él (sin nada de lo que nos arropa ni de lo que hemos acumulado). Monólogo entrecortado y dramático. Somos lo que somos y lo que queremos ser. Un abrazo.

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