El profeta

Como ya lo saben, soy un rebelde incorregible y no me gusta ir con la corriente (claro que eso tiene su precio…) y a veces siento que debe uno colocarse en la ribera contraria del río de la vida, por donde no camina la mayoría, para intentar ver la realidad desde otra postura. Por esto me surgió la idea para el contenido de este pieza de teatro hiperbreve, escrita hace más de seis añitos. El personaje que habla en este monólogo no necesita ser nombrado para entenderse quién es y cuáles fueron sus razones. Ya me dirán si atiné con este texto o no.

El profeta

Monólogo dramático

El profeta yace sentado sobre el suelo, desnudo por completo. Durante su discurso, la luz que lo ilumina desde arriba va cambiando de blanca iridiscente a tonos azulados para terminar en un rojo intenso.

PROFETA.- Lo dije y, en vez de escucharme, me arrojaste a esta prisión, para siempre. Una a una todas las cosas de las que te advertí se han ido cumpliendo de modo irremisible. Mi voz se alzó tronante para anunciar los peligros y tú sólo viste en mí un enemigo, un obstáculo para tu determinación. Pudiste más tú que yo. Tu astucia doblegó al amor y a la bondad; tu envidia temió a la razón. Los convenciste a todos en mi contra con falacias, lográndote adeptos y formando un ejército que se lanzó inmisericorde sobre mí. Todos me voltearon la espalda, deslumbrados por tu verbo. Por ti, fui convertido en paria y nadie, en absoluto nadie, se percató de la verdad. Desde entonces, sólo ha habido odio contra mí y terror, al nombrarme. Quedé expuesto a la ignominia y encerrado en un agujero incandescente de fuego. Viste realizada cada palabra mía y no hiciste nada para evitar el dolor, la avaricia, la injusticia, el crimen, la inmoralidad. Encegueciste ante el llanto y ensordeciste al grito angustioso. Sacrificaste a tu sangre sin miramiento y todo el tiempo transcurrido has permitido el reino de la falsedad. La tierra se abrió, los mares se incendiaron, los cielos cayeron, el verde se ennegreció y la vida se confundió con la muerte. Lo predije todo y sólo sirvió para que te opusieras a mí. Mis ojos se han secado ante lo que ni tú ni yo evitamos y mi garganta se ha roto por la indignación. El paraíso se perdió para siempre por un caos inútil. A ti te adoran y a mí, si acaso creen que existo, me escupen al nombrarme. Dímelo: ¿acaso valió la pena todo lo que hiciste? Dímelo, pues: ¿significó algo que hurtaras el mando, arrojándome a las miasmas? ¿Sirvió que todo, por completo todo, se perdiera a cambio de ser tú como dios y hacer de mi tu contrario…? ¿Callas? ¡Callas! Entonces… sólo, por siempre, sólo… la nada… (Oscuro.)

México, D. F., a 18 de octubre de 2010

D.R. © Ernesto Cisneros Rivera. 2017

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11 comentarios

  1. Tienes un gran sentido dramático. Lo digo en primer lugar por la puesta en escena de este monólogo tan escueto pero tan visual. Un monólogo que expone puntualmente el destino de los profetas, a los que no se les quiere ni en su tierra ni en ninguna. Decir verdades no es un negocio rentable. Buen fin de semana. Un abrazo.

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    • Gracias, maestro querido. Creo que mi setnido dramático es que a la hora de escribir teatro y narrativa estoy visualizando todo en la mente, como si fuera una película, y en el caso de los diálogos, es curioso, al mismo tiempo que los voy escribiendo, se están representando en mi mente.

      Por otra parte, por lo que se refiere a mis piezas dramatúrgicas, necesito indicarlo todo (iluminación, vestuario, mobiliario, ambientación) porque también son parte fundamental de lo que estoy expresando.

      En fin, que siempre agradezco tanto todas las luces que lanzas con tanta puntualidad y generosidad sobre mi trabajo.

      Buen fin de semana para ti también. Abrazobeso fraternal y cariñoso, hermano.

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  2. He leído y releído este monólogo dramático lleno de expresividad y fuerza, y, después de leerle y releerle, me parece que tiene tintes proféticos de plena actualidad; el mundo y su progreso van por ahí con esa transmutación de dioses que operan en la soberbia e ignoran a los profetas y a sus verdades. Un abrazo grande, Ernesto.

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    • Así es, Ramón, la vigencia de la insensatez humana, a pesar de todo el paso de la historia tan dura que ha vivido la humanidad, sigue tan vig ente como desde los tiempos más remotos. Tal parece que las experiencias vividas han servido de muy poco.

      Gracias siempre por tu gentil apoyo y generosa aceptación de mi trabajo.

      Te mando un grande abrazo, amigo.

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