Radio

Radio relato de Ernesto Cisneros-Rivera.
El jueves 19 de septiembre de 1985, a las 7:19 am (hora del Centro del país), la más grande tragedia registrada en su historia azotó a la mitad de la Ciudad de México y a otras zonas del Occidente y sur del país. Un terremoto de de 8.1 grados Richter (trepidatorio y oscilatorio) devastó a una buena parte de la Ciudad y de las otras zonas afectadas. En la Ciudad de México se calcula que se perdieron 10 mil vidas humanas. Muchas familias quedaron mermadas (no en pocos casos, un solo sobreviviente) y muchos seres humanos quedaron seria o fatalmente afectados en su psique y espíritu. Los demás quedamos con una psicosis que tardó algún tiempo en disolverse. La mitad de la Ciudad parecía haber pasado por un grave bombardeo (y mis amigos europeos saben de lo que hablo). Silencio absoluto. Sólo los gritos de la ciudadanía; que se lanzó a rescatar posible vida de entre los escombros (porque nuestras autoridades locales y nacionales negaron la gravedad de los hechos y tardaron más de 24 horas en reaccionar); y las sirenas de ambulancias y carros de bomberos. Inspirada en hechos reales (aunque no retratados en sí) la siguiente trama unió tan horrible experiencia con el tema de la radio. Era una deuda que tenía como escritor hacia tan terrible evento que destapó muchas cosas y demostró otras tantas. Termino esta introducción comentándoles que, en efecto, en muchos casos, el sonido de un aparato portátil de radio dio indicios a los grupos de rescatistas civiles, extranjeros y oficiales de la posible sobrevivencia entre la negra profundidad que alguna vez había sido una edificación.
Radio
7 a.m. Suena mi despertador y con desgano vuelvo de un sueño plácido y cálido. Tras estirarme y despabilarme, me decido a apagar el molesto timbre. Me levanto y con gusto corroboro que es jueves. El fin de semana está al alcance de la mano.

7:10 a.m. Enciendo mi radio portátil y me pongo a bailar con la música, mientras me apresuro para darme un duchazo. Llevo conmigo el radio para seguir alegrándome durante mi baño. Antes, preparo los utensilios para rasurarme… siento un curioso mareo…

7:19 a.m. Tiembla, tiembla… nunca había sentido un seísmo tan intenso. El edificio cruje de todas partes. Me aferro a mi radio portátil, como si pudiera salvarme de aquello. El suelo se abre a mis pies y caigo muy profundo, hacia lo oscuro. En unos momentos, quedo atorado entre fragmentos de concreto. Todo es frío y negro en derredor. Mi casa se ha derrumbado; me fijo en que tengo el radio entre mis manos y que la música no ha dejado de oirse. Se interrumpe ésta y la voz del locutor informa que se ha sentido un seísmo muy fuerte en la Ciudad de México y que, en cuanto sea posible, se darán más detalles. La música sigue y en diferentes lapsos me voy enterando de que grandes secciones de mi ciudad han quedado devastadas. Hemos sufrido una tragedia de incalculables consecuencias. De repente, todo se agita en torno mío y sólo oigo cómo chocan las piedras entre sí… Si no fuera por las voces y la música, todo sería oscura soledad. Pierdo la noción del tiempo y creo que todo está llegando a su fin. Dejo de atender a los locutores y únicamente escucho la música. Vuelvo a oir el choque de piedras junto con ladridos y voces. (Creo que estoy alucinando.) Una rendija de luz golpea mi rostro y los ladridos y las voces se hacen más claros y persistentes… Transcurre un buen rato antes de que me abrumen aplausos y gritos de alegría. El viento fresco de la noche roza mi cuerpo, mientras me transportan en una camilla hacia una ambulancia. Alguien me quiere retirar el radio de las manos, pero me aferro a él con mayor fuerza. La música sigue sonando, aunque con menor potencia… han de estar muriendo las pilas… Oigo la voz imperativa de un hombre que dice: “Déjenselo. Si no hubiera sido por ese aparato, nunca nos habríamos enterado de que había alguien ahí abajo. ¡Bendita música, bendito radio!”

México, D. F. 2008

D.R. © Ernesto Cisneros Rivera. 2017
Ciudad de México

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