La poesía me da una vuelta de tuerca

En una reflexión-testimonio anterior (Cómo caí en la poesía), concluí comentándoles que había llegado a la convicción de que la poesía y yo sólo seríamos muy buenos amigos, pero que por ningún motivo me permitía dar el siguiente paso (volvernos amantes… ¿qué fuerte!, ¿no?). Entonces, por los siguientes años, las cosas se mantuvieron así. Pero no bien hube llegado a la edad en que dicen que Cristo comenzó su labor (los judíos y su obsesión por la numerología sagrada, pues), tuve mi epifanía cuando me sacudió con fuerza el gusanito (que yo creo que para entonces ya era una solitaria) y, rodeado por un entorno de espiritualidad cristiana (sí, alguna vez en mi vida creí encontrar en ese derrotero respuestas a la vida), me vi impelido a escribir mi primer y único poema de carácter místico (o religioso, para no leerme tan presuntuoso). En ese momento, vinieron a mi recuerdo las palabras de un gran narrador y periodista mexicano, Ricardo Garibay (1923-1999), dichas en un delicioso programa de libros y cultura que conducía en la televisión mexicana (Caleidoscopio), siendo además un ateo confeso (como yo entenderé ¿verdad?): “El hombre, ante el magnifico ojo de Dios, es apenas como una minúscula mosca, que no puede soportar su luz, por lo que si apenas puede verlo de reojo para no quedar fulminado.” (Palabras más, palabras menos.) Pues bien, esa sentencia oída algunos años atrás me inspiró (junto con el entorno favorable en que me hallaba para ello) y compuse mi primer poema en forma, en donde expresé lo que sentía que era la Divinidad (Revelación). Fue un texto que leí, releí y corregí por mucho tiempo, dejándolo descansar otro tanto, hasta que a principios de la década del 2000 le di mi bendición y salió de mis manos (por cierto, en una etapa de mi vida en que ya no creía en la visión católica de la espiritualidad, pero sí me mantenía aún fiel a la idea de un Dios). Estamos hablando de cerca de ¡15 años! después.

Sin embargo, no vayan ustedes a pensar que desde entonces se abrió el venero lírico para mí; no, qué va. Quedé muy satisfecho con el textito, pero lo asumí como una “golondrina que no hace verano”, punto. Pasaron cerca de cuatro años cuando, inspirado por la posibilidad del amor y desde mi descripción personal del mismo, me atreví con un segundo poema, esta vez algo más ambicioso en longitud, y fue uno de un corte por completo erótico. Las circunstancias no fueron propicias para que se diera esa relación, por lo que de una realidad tangible, pasó a una idealizada, y volví a meterle mano a conciencia a aquel segundo intento lírico, transformándolo de algo en exclusiva erótico a erótico-espiritual; muy en la visión oriental, tántrica quizás, del amor (Hoy te deseo). Quedé satisfecho con el resultado y, aunque todavía no me sentía seguro de explotar la vertiente poética, sí me dejó picado en el orgullo de autor.

Fue así como el proceso empezó a cocinarse a fuego lento en mi mente; como siempre ha ocurrido tantas veces en mi quehacer literario. Sobra decir que, durante todo este periodo que he abarcado hasta ahora, no dejé de leer y empaparme de la lírica en lengua española e inglesa así como de otros autores de distintas épocas y culturas (desde la antigüedad hasta nuestros días), como si fuese un gran banquete del que nunca se puede indigestar uno. Me preguntarán ustedes: ¿Y la vuelta de tuerca? Pues se produjo de la forma menos esperada. Hacia fines del primer lustro del nuevo milenio, emprendí mi primer aventura ciberespacial, montando un sitio web personal donde compartía todos mis intereses intelectuales, incluída la escritura creativa, que como muchos procesos iniciales tuvo su inicio y su fin. Me dio ciertas satisfacciones, pero no pasó a mayores. Durante el segundo lustro de la primer década del 2000, me enteré de la posibilidad de sostener un blog personal, algo más manejable que un sitio web, y fue que abrí (sería alrededor de 2008) el primero (no aquí sino en Google) y lo dediqué a mi escritura en general y a la traducción literaria. ¿Y la vuelta de tuerca, Ernesto? (Sigo escuchando su pregunta en mi mente, ya sé, ya sé…) Bueno, durante esa primera incursión en el blog, di con el de un poeta costarricense (Los apuntes de Milo), en donde su autor, Juan Carlos Vargas-Alcócer, posteaba no sólo muestras de su inigualable talento, sino que también de los poetas modernos y contemporáneos que lo conmovían. Empecé a entrar en comunicación con él y terminamos haciéndonos amigos. El caso es que me invitó a visitar otro blog que mantenía dedicado en exclusiva al haikú (éste sí en WordPress), El rincón del haiku y me invitó además a compartir ahí mis pininos en el género. Esta fue la vuelta de tuerca, pues empecé a crear haikús y encontré en esa estructura lírica japonesa la forma de expresión ideal para lo que necesitaba hacer en poesía (porque mis colegas lectores lo saben, pero mis amigos lectores, no: escribir es una necesidad vital; la inspiración y la musa son leyendas urbanas). Entonces fue que se abrió el venero y, a partir del haikú, empecé a retarme con otras formas poéticas sin parar desde entonces, hace ya casi diez años. No es de extrañar que mi primer atrevimiento a publicar fue un poemario dedicado en exclusiva al haikú (Cantos, marinas y otros haikús). El remate fue que, al lado de otros dos jóvenes autores españoles (Igor Benítez y Jorge Morato, cada uno con sendos blogs poéticos), Juan Carlos nos invitó a formar parte de la administración del blog de haikús y, por algún tiempo, publicamos en ese sitio nuestros textos relativos. De los ahí posteados y de otros que escribí en exclusiva es que salió el material para mi primer texto publicado.

Esta vuelta de tuerca, o quizás este apretón de tuercas, me hizo reflexionar seriamente sobre mi coqueteo con e indecisión hacia la creación lírica. En mi caso, como en el de muchos poetas, como vine a enterarme luego, es necesaria la experiencia de vida y de escritor para verterlas en verso y desde ahí seguir hacia adelante. Necesité llegar a una madurez humana y espiritual para atreverme a escribir poesía y a poder decirme poeta. No me corresponde indicar si bueno o malo, lo que sí puedo afirmar es que honesto y dedicado.

Hasta aquí este post. Quedaron servidos y he cumplido con la tarea de describirme como poeta. Será motivo de publicación distinta el cómo caí en la dramaturgia, la otra rama lírica. Un camino muy diferente al que hube de seguir para la creación poética, ya lo leerán.

D.R. © Ernesto Cisneros-Rivera. 2017
Ciudad de México
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13 comentarios

  1. Alabo la capacidad testimonial de la que haces gala, tu prosa fluye ligera por caminos personales ligados, hoy, a la inspiración poética. Por fortuna para todos, tu poesía -o tú como poeta- encontró el vuelo de la madurez. De nuevo, gracias por compartir vida, obra y enseñanzas.
    Un gran abrazo, amigo Ernesto. ¡Gran poeta!

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    • Pues sí, es una fortuna que lograra enganchar mi madurez con la creación poética, pues ésta me ha llenado de muchas satisfacciones intelectuales y emocionales, y es el género al que le he podido vencer para hacerlo mío también.

      Gracias siempre por tu generosidad hacia mi trabajo, Isabel querida. Abrazobeso transatlántico afectuosísimo, amiga.

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  2. Cada poeta tiene su ritmo de aprendizaje y maduración, no todos somos Rimbaud (ni falta que hace). Y ese primer impulso tuyo, Ernesto, ha fraguado de forma espléndida. Amparado en tantas lecturas como nos comentas, en tu amplia formación y al abrigo del calor de la escritura. Pues antes de que se abriera el venero de tu caudal poético ya tenías larga experiencia como narrador y dramaturgo según nos compartes.
    Mi rendida admiración, Ernesto, porque te atreviste, para arrancarte, con un toro de enorme trapío poético, como es el haiku. En el que la espontaneidad, ingenua para el que se queda en lo aparente, brota como un rayo de las profundidades. Y es simple como simple es lo natural, más no baladí.
    Mi saludo y mi abrazo, amigo, ante esta segunda parte de tu crónica como enamorado de la poesía.

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    • Cierto es lo que me escribes en tu comentario, Pepe querido, el ritmo creativo es muy personal y no es posible dedicarse a la creatividad literaria sin leer mucha más antes.

      Gracias siempre por tus gentiles palabras que sólo me estimulan a ser un autor cada vez mejor.

      Fuerte abrazobeso, amigo.

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  3. Recuerdo que desde niño hacía intentos de poesía, siempre con rima.
    Con los años y el estudio fui intentando otra cosa y muchos cuentos cortos, casi todos con final inesperado.
    Luego de muchos años vinieron las novelas.
    Pero nunca me consideré poeta, lo mío era relatar.
    Siempre hay una historia atrás.
    Un abrazo

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    • Así es, Luis. A veces la necesidad de crear letras logra expresarse en distintas vertientas, en otras ocasiones es ya muy definido hacia dónde habrán de materializarse.

      Interesante conocer a través de tu comentario, tu trayectoria creativa, amigo. Gracias por compartirlo, también.

      Te abrazo fuerte, Luis.

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  4. Curiosos caminos por los que se llega a las letras, en este caso a tu poesía; coincido en una frase que dices en algún momento de esta vuelta de tuerca, y es que las letras se nos presentan, incluso a veces, nos pasan por encima como una necesidad, más aún los que os dedicáis en cuerpo y alma a ellas. Incluso a mí me pasa, aunque las letras solo sean entretenimiento que llena los pequeños resquicios de tiempo que me deja el trabajo del que vivo. Enhorabuena por tu entusiasmo y tus inquietudes literarias que al compartir, contagias. Un gran abrazo.

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    • Así es, querido Ramón, las letras terminan por avasallarnos y se vuelven una necesidad imperiosa que hay que desahogar. No importa el tiempo que se les pueda dedicar, como en tu caso que modestamente le llamas entretenimiento, con lo que no concuerdo, pues eres un poeta consumado y con un estilo hermoso, fresco, vital, como te le he comentado en varios de tus publicaciones. Bien lo sabemos que el arte se sopesa por su calidad.

      Me da gusto saber que logro contagiar algo de ese espíritu, pues significa que puedo llegar al alma de alguien más y tocarla para bien.

      Gracias por tu generosidad, tu apoyo y tu presencia, Ramón. Te mando un fuerte y gran abrazo, amigo.

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  5. Qué fluidez de lenguaje exhibes en esta rememoración de tus raíces poéticas, sazonada además de sentido del humor, que es un condimento indispensable para dar sabor a cualquier plato. El sentido del humor es la sal de la literatura (y de las relaciones humanas).
    Al igual que los garbanzos que hay que dejar en remojo para que se pongan tiernos, los textos hay que dejarlos reposar semanas, meses, años, para comprobar si valen algo o nada, si se mantienen frescos o se han mustiado.
    Recuerdo bien, pues vuelvo a él de vez en cuando, ese libro tuyo: “Cantos, marinas y otros haikús”. Para mí fue un descubrimiento y un placer. Tu vena poética se manifestaba plenamente en ese muy recomendable poemario. Por cierto, los primeros haikús que leí fueron de otro autor mexicano: José Juan Tablada.
    Poeta eres, comprometido con la creación, compositor de versos que aúnan la sensibilidad y la profundidad. Un abrazo.

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    • Gracias por la generosidad, gentileza y grandeza de espíritu con que ves mi trabajo, Antonio. Tus palabras me conmueven y por venir de ti, no sólo el hermano que eres, sino por el exquisito y lúcido poeta que eres, son invaluables.

      Sirva este comentario tan elogioso como la puerta que ha de abrirme la puerta de la esperanza materializada.

      Abrazobeso muy cariñoso, siempre fraternal y con fiel admiración, magister meus.

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      • Y sí, se me olvidó confirmarte que José Juan Tablada fue el introductor de esta forma japonesa lírica en México, aunque se tomó muchas libertades pues no siguió la métrica del verso. Lo que no quita la belleza de sus haikús a la mexicana. Algunos poetas continuaron ese interés por la estética oriental y escribieron sus versiones particulares del haikú.

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  6. Hay un tipo que me ha llamado poderosamente la atención. Para algunos quizá un demente, para otros un artista, Nick Cave. Me acerqué a él en su documental One More Time With Feeling y veo allí una poética del dolor. Veo una clase de poesía aprisionada contra la silla siendo castigada y/o torutada para que diga lo que debe decir, para que exprese su signo y símbolo. Te invito a ver este documental y de paso dejo por aquí un poema al cual torturé una noche en vilo: Recuerdo y memoria >>> http://bit.ly/2pOhxPM ¡Un Saludo!

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