Cómplices

Cómplices, relato de Ernesto Cisneros-Rivera.
Reconocido con Mención Honorífica dentro del Concurso de Relato para conmemorar el XXX Aniversario del Instituto Mexicano de la Radio (IMER), y mi primera publicación impresa, les comparto éste que fue uno de mis primeros posteos en la red.
Cómplices
Cuando nací, no había radio, los automóviles eran una rareza, el cinematógrafo se veía de vez en cuando y divertía a rabiar. Se cocinaba con carbón y México aún no terminaba de consolidarse, pues todavía se sentían los estragos de la Revolución.

¿Cómo nos divertíamos? Bueno, los niños jugábamos a lo que siempre se ha jugado: canicas, trompos, carritos de madera, la comidita, salto de cuerda, rondas, las escondidas… sin faltar cuánta diablura se nos venía a la cabeza. Los adultos cantaban al rasgueo de la guitarra, jugaban a la baraja española, narraban consejas e historias de familia que parecían perderse en el tiempo, bailaban, contaban chistes o amenizaban sus tertulias con alguna recitación.

Era un México que ansiaba entrar en la modernidad, pero que se resistía a abandonar su sabor provinciano con aroma a chocolate espumoso y café bien cargado.

Un buen día, este encanto se conmovió con la llegada del primer aparato de radio a mi casa. Tendría como diez años de edad y, sin suponerlo siquiera, se dio una relación entrañable y por siempre fiel entre ese armatoste (que fue cambiando con el tiempo de tamaño, color, forma y material) y yo. Relación que nunca conoció desengaños y que fue de absoluto e incondicional amor.

La radio fue mi compañera de vida y me dio inmensa alegría, me apoyó en mis tristezas y duelos, me consoló en mis soledades, me educó y divirtió, y, por encima de todo, me colmó sin pedirme nada a cambio.

Con la radio, escuché muchas voces y sonidos, viajé a otras épocas, conocí todo el mundo sin moverme de mi casa, lloré y reí, y me hice cómplice de miles de personas que, como yo, vieron correr toda su vida en torno a ese mágico aparato.

Hoy, que rebaso los ochenta años de edad y que sé que la maquinaria que me ha sostenido está próxima a detenerse, sólo pienso en que lo último que me gustaría oir sería la voz de mi radio… con todos mis seres amados a mi alrededor: los que vienen por mí y los que dejo por un breve lapso.

México, D.F., 24 de abril de 2008.
D.R. © Ernesto Cisneros Rivera. 2017
Ciudad de México

(“Cómplices”, en Radiografías de la radio. México: IMER, 2008. pp. 101.)

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