En las primeras luces del martes 2 de enero de 2007, con el suave bamboleo de un cálido Océano Pacífico, en un muy íntima y sentida ceremonia, las cenizas de una mujer excepcional fueron lanzadas al agua azul acero para integrarse a la creación universal, a la libertad absoluta y a la única verdad: la de la luz y el amor.
85 años atrás, a las 4 de la tarde de un lunes 2 de enero, la historia de una dama especial comenzó a escribirse en la pequeña ciudad provinciana de Puruándiro, en Michoacán, México. Las características tan peculiares de su núcleo familiar ya eran suficientes como para hacer excepcional a alguien, sin que se necesitaran rasgos personales únicos para convertirla, no obstante, en una mujer fuera de serie (lo que, en este caso, además se dio). Primogénita y única mujer (con todo el peso psicológico y emocional que esto implica) de doce hermanos, de padres que se forjaron a sí mismos y que compartieron sendas historias de una niñez dura e injusta (huérfana de padre y entre manos ajenas) las cuales redundaron en un padre -don Fortino Rivera Navarro- todo bondad, soñador, creativo, aunque débil de carácter, y en una madre -doña María de Jesús Chávez García- recia, dinámica, pragmática y poco dada a las concesiones (hijos ambos, a fin de cuentas, de una cultura decimonónica basada en la rigidez y obediencia absoluta, en el mandato antes que en el diálogo).
Fue en este ambiente familiar tan tradicional; donde se privilegiaba el derecho y libertad masculinos por encima de los femeninos; que comenzara en condiciones económicas estables (las cuales fueron mermando su bonanza sin poder jamás recuperar la estabilidad); en el que los temperamentos y visiones de vida de madre e hija con frecuencia eran contrarios, en tanto que los del padre y la hija se complementaban (creando por siempre un lazo espiritual y afectivo firme y sólido); fue el ambiente en donde nuestra homenajeada tuvo que luchar de manera continua para salvar, desde sus primeros años, un espíritu rebelde natural a su esencia libre, veraz, racional y justa. En este ambiente, pues, fue que María Estéfana Guadalupe, nuestro personaje, dentro de las limitaciones propias de su época, se fue forjando para irse mostrando como la niña-adolescente-mujer fiel a su generación (la de todas esas mujeres nacidas entre 1910 y 1930 que se rebelaron para no seguir sujetas a unas imposiciones culturales tiránicas que las limitaban en el pensar, el sentir y el hacer, que las alejaban del saber y las coartaban en su libertad como seres humanos).
Primero, se rebeló contra un rígido sistema de normas restrictivas e ilógicas que sólo buscaba perpetrar un status quo trasnochado para el tiempo (el del colegio manejado por religiosas españolas, donde cursó sus primeros estudios primarios), para depués hacerlo contra una fe (la católica) basada en el temor y la coerción emocional y psicológica, la cual se reducía a ritos ininteligibles, repetitivos y fastidiosos (en especial, para la mente inquieta de un infante). (Esta rebeldía la habría de acompañar toda su vida, sobre todo, al cuestionar siempre la falta de congruencia entre palabra y acción de una creencia religiosa -impuesta a sangre y espada-, sin por ello afectar su intuición profunda del Ser Supremo, en el que siempre creyó, y al que también siempre cuestionó cuando su mente tan racional no alcanzaba a comprender la injusticia y el dolor del mundo en que le tocó vivir por 84 años.) Más tarde, habría de rebelarse contra el trato y consideración desventajosos, para su condición femenina, frente a los recibidos por sus hermanos (dentro de su núcleo familiar); para terminar por manifestar su más fundamental rebeldía: aquélla contra la falta de comprensión y apoyo, por parte de sus padres, hacia su visionaria forma de sentir, pensar y pretender actuar. María Guadalupe; junto a ese ímpetu de lucha; poseía una brillante inteligencia lógica y analítica basada en un espíritu pleno de amor y generosidad, observador, inquisitivo, reflexivo, que inclusive contenía un innato y sólido sentido de la moral humana esencial (preclara intuición del bien, el mal, lo correcto, lo incorrecto, lo justo, lo injusto) y un profundo respeto por la libertad. Por muchos años, los únicos medios para poder alimentar y fortalecer estos dones fueron la lectura, el cine y la cercanía afectiva y espiritual con las tres personas que tanto marcaron su vida: su padre don Fortino, su abuela materna, doña María García Montaño y su tío abuelo materno, don Jesús Chávez Díaz.
Los cambios radicales en el acontecer político, económico y social del México de su niñez y preadolescencia (el Maximato, la Guerra Cristera, el pseudosocialismo cardenista, etc.), envueltos además en un ambiente social y familiar de temor e ignorancia, afectaron para mal a la niña y la llevaron a truncar sus estudios primarios (en 1930) y a vivir los siguientes cuatro años de su vida recluida en casa (en palabras suyas: “en un tiempo perdido de encierro”), ayudando en el cuidado de sus hermanos y aprendiendo todas las labores obligatorias de una mujer decente y de bien; todo lo cual ella aborrecía y que sólo la motivara a pensar que nunca se casaría, que nunca tendría hijos, y que jamás se encerraría entre esas cuatro paredes que (para las generaciones de su madre y sus abuelas) se llamaban hogar. No obstante esto y todos los obstáculos que siguieron, su alma generosa y amorosa (que siempre prevaleció sobre cada decisión tomada a lo largo de su vida), más su apego a la solidaridad y a lo justo, en vez de fomentar rencor y distanciamiento hacia su familia, la enseñaron a ver, entender y aceptar a los suyos con sus defectos y virtudes (sin por ello, claudicar de su intuicion moral ni someter la verdad ante lo ilógico, lo incorrecto o lo inmoral o amoral).
Estaba por llegar 1935, año que, a pesar del cambio tan insignificante que produjo en su vida (según pareció en ese momento), terminaría por impulsar a María Estéfana Guadalupe Rivera Chávez hacia un nuevo sendero.

Una dama primera: María Guadalupe Rivera Chávez (I) by Ernesto Cisneros-Rivera is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-No comercial-Sin obras derivadas 2.5 México License.




